sábado, octubre 22

Botadura

En el puerto de Valencia estaba todo listo para la botadura de la Estrella Errante. Los mozos hacían fuerza sobre las palancas que hacían deslizar la quilla sobre los rolletes mojados. Poco a poco la nave se deslizaba desde la grada por la corredera entrando al mar por su popa. Acabamos de empezar y ya íbamos de "culo"; incluoso algún gracioso llegó a gritar: "al agua patos".

La nave genovesa tomaba contacto por primera vez con el mar. Hubo unos momentos de expectación. ¿Flotaría? ¿Se hundiría? Se hizo el silencio. Nadie quitaba ojo de la nave. Flotaba. Parecía increible que algo que pesaba tanto flotase. Si me pusiera poético diría que fue un flechazo al primer contacto; la Estrella Errante se enamoró del mar, que la acogía en sus brazos con sabor a sal. Yo me abracé a Rújula para celebrarlo "olé, olé" y besé sus dulces labios.